27º
Encuentro de Diócesis de Frontera
Gualeguaychú – Entre Ríos – Argentina
21 al 23 de mayo de 2012
Sobre la trata
de personas
Los vecinos se
encuentran
Iluminados
por la Palabra de Dios: “Defiende el
derecho, ama la justicia y camina humildemente con tu Dios” (Miqueas
6,8), y urgidos por una realidad que nos duele, 60 delegados de las
Diócesis vecinas de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, nos hemos encontrado
“para compartir y reflexionar sobre la dignidad de todo ser humano, y asumir
una actitud profética frente a la violación grave de la
misma en la trata de personas”.
Una realidad
vergonzosa y ultrajante
La
trata de personas tiene por fin la explotación comercial de la persona con fines
sexuales, laborales o de robo y venta de órganos. Tiene modalidad de crimen
organizado y estructura “empresarial”, maneja una alta movilidad de las
personas y considera al ser humano como un
bien transferible y vendible según la oferta y la demanda. Su alarmante
crecimiento se refleja en un movimiento anual de dinero que supera el del
tráfico de armas, convirtiéndola en la segunda actividad criminal más rentable
en el mundo, después del narcotráfico.
La
trata implica captar una persona, trasladarla, coaccionarla, venderla,
amenazarla, violentarla, usarla y descartarla. Hablamos de violencia física,
psicológica, de engaño o pseudo convencimiento, a veces con intervención de
familiares o personas con las que la víctima está comprometida afectivamente.
Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay son países de origen, captación, destino y tránsito
de personas. Alertamos sobre la existencia de mafias organizadas que recurren,
a su vez, a subredes menores, presentes en casi todas nuestras ciudades y
pueblos, capitales o del interior.
El
turismo sexual infantil opera tanto en la zona de la triple frontera como en
grandes ciudades, ofrece adolescentes, niñas y niños para servicio sexual de
extranjeros y en numerosos casos, los trafica a otros países de América y a
Europa Occidental, según denuncias reiteradas de la Organización Internacional
de las Migraciones, Organización Internacional del Trabajo, así como
organizaciones de la sociedad civil que valerosamente luchan contra estos
delitos.
Nuestras
preocupaciones frente a esta realidad:
·
La
desinformación, el desconocimiento y a veces la indiferencia, el silencio y
aún la insensibilidad que existe en
vastos sectores de la sociedad.
·
La
situación de vulnerabilidad en que se encuentran muchos niños, adolescentes y
jóvenes, que los coloca en situación de posibles víctimas.
·
La
falta de acción de parte de algunas autoridades, aún frente a denuncias
concretas.
·
La
corrupción que lleva a la complicidad de quienes tienen que luchar para detener
este crimen, que debería ser declarado de lesa humanidad.
·
La
falta de herramientas y de coordinaciones adecuadas para una lucha más eficaz:
en políticas públicas, en el plano jurídico, en recursos humanos y materiales
de las autoridades, en quienes son víctimas directas o indirectas o en quienes
desde su indignación y buena voluntad quisieran enfrentarse al problema.
·
Las
fallas del sistema educativo, de algunos medios de comunicación social y de
nuestra cultura contemporánea en proponer valores que contribuyan al desarrollo
auténtico de la persona y de la sociedad.
·
La
imposición, en algunos casos desde programas gubernamentales, de una visión de
la sexualidad fundada en el hedonismo.
·
Los
resabios de la cultura machista que denigra y rebaja a la mujer. La demanda
permanente de los “clientes” del comercio sexual y la impunidad de estos
prostituyentes, que con su demanda sostienen este mercado criminal.
·
En
la Iglesia, la falta de propuestas adecuadas que atraigan a los jóvenes, y la
falta de una respuesta más decidida y amplia a este problema.
Valoramos como signos
de esperanza:
·
Las
diferentes manifestaciones en las que hoy se resalta el valor de la persona, la
dignidad de la mujer, la vida familiar.
·
Todas
las iniciativas a favor de la dignidad de la persona humana y sus derechos por
parte de las organizaciones de la sociedad civil.
·
Las
movilizaciones populares en reclamo de justicia y cumplimiento de la ley.
·
Los
esfuerzos de las autoridades que actúan con la rectitud moral y la dedicación
que les corresponde para dotar a cada país de los instrumentos jurídicos
eficaces para detener este comercio inicuo, capturar y castigar a quienes se
benefician de él y contribuir a la rehabilitación de las víctimas.
·
La
creación en algunos países de Promotores de Justicia públicos, con nueva
mentalidad.
·
Los
distintos canales de recepción de denuncias que van apareciendo.
·
La
difusión de fotografías y datos de personas desaparecidas.
·
Las
obras pastorales de diferentes miembros de la Iglesia Católica y de otras
comunidades de fe en los campos de la prevención, del auxilio a quienes están
necesitando ser liberados de esta esclavitud y de la rehabilitación de las
víctimas, y en la capacitación de agentes pastorales para esos servicios.
·
El
servicio generoso y gratuito de todos los agentes pastorales que asumen el
riesgo de trabajar en un campo minado.
·
La
Pastoral del Niño y de la Niña (Pastoral da Criança).
·
El
trabajo en redes que se va abriendo camino, aunando esfuerzos de todos los que
están actuando o quieren hacerlo.
Nos anima una palabra
clara de la Iglesia
El
Beato Juan Pablo II en el año 2002 nos iluminó diciéndonos que “la trata de
personas humanas constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad humana y una
grave violación de los derechos humanos fundamentales.” El Papa cita entonces
el Concilio Vaticano II que, en Gaudium et spes se había referido a la
esclavitud, la prostitución, la trata, así como las condiciones ignominiosas de
trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro,
no como personas libres y responsables, que son "oprobios que, al
corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a
quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al
Creador" (Gaudium et spes, 27).
Sigue
diciendo Juan Pablo II: “Estas situaciones son una afrenta a los valores
fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos, valores
arraigados en la misma naturaleza de la persona humana. El alarmante aumento de
la trata de seres humanos es uno de los problemas políticos, sociales y económicos
urgentes vinculados al proceso de globalización; representa una seria amenaza a
la seguridad de cada nación y es una cuestión de justicia internacional
impostergable.” (Juan Pablo II, Carta al
Arzobispo Jean-Louis Tauran con motivo de la Conferencia Internacional
sobre el tema Esclavitud en el siglo XXI: la dimensión de los Derechos
Humanos en la trata de Seres Humanos, 15 de mayo de 2002).
Nos comprometemos a:
·
Hacer
conocer esta realidad a través de publicaciones, folletos, mesas redondas,
debates, medios de comunicación, de forma que la sociedad pueda percibirla como
un problema social que nos involucra a todos.
·
Facilitar
el primer auxilio y el acompañamiento a las víctimas en su denuncia.
·
Denunciar
por los canales adecuados casos y situaciones que lleguen a nuestro
conocimiento.
·
Promover
el espíritu de familia, fomentando en nuestras parroquias actividades que la
reúnan y la unan.
·
Realizar
un trabajo preventivo con adolescentes y jóvenes, ayudándolos a abrir los ojos
para reconocer los riesgos y promoviendo para ellos espacios de participación y
crecimiento integral. Replantear en la Iglesia los programas de Educación
Sexual o Educación para el Amor.
·
Plantear
esta temática en la formación de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes
pastorales laicos.
·
Trabajar
en las redes de organizaciones civiles y gubernamentales en todo aquello que
esté a nuestro alcance.
·
Demandar
los cambios necesarios en leyes obsoletas y el cumplimiento de la ley.
·
Adherir
al abolicionismo de la prostitución.
·
Animar,
acompañar y fortalecer los esfuerzos pastorales de comunidades religiosas y
movimientos eclesiales comprometidos en esta lucha.
·
Destacar
la fecha 23 de setiembre como Día Internacional contra la Trata de Personas.
·
Confiar
en el poder del Bien, es decir de lo bueno, noble y justo, por encima del mal.
Decimos
claramente NO A LA TRATA. Eso implica no al comercio sexual, no a la
prostitución, no a la explotación laboral de niños, niñas, adolescentes y
personas traficadas con ese fin y puestas en servidumbre; no al tráfico de
órganos, que también se da en nuestra zona.
Por la
intercesión de Nuestra Madre, María Santísima, suplicamos al Dios de la Vida
nos conceda luz y fortaleza para servir con generosidad en la causa de la
dignidad ultrajada de tantas personas y ser sembradores de Esperanza.
En Gualeguaychú, 23 de mayo de 2012
Diócesis
de Bagé, Chapecó, Foz do Iguaçú, Santo Ângelo, Uruguaiana (Brasil); Encarnación
(Paraguay); Melo, Mercedes, Salto, Tacuarembó (Uruguay); Concordia, Goya,
Posadas, Gualeguaychú (Argentina).
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